CUENTO

Huracán no pudo contra el peor River de la historia, Boca le ganó a un mediocre Tigre, no da para postear mucho en verdad. Les dejo un relato de mi amigo y periodista Hugo Rodríguez, con algo de retraso, sobre el día de la madre y nuestro fútbol.

¡ADVERTENCIA!
Ultra fanáticos, acérrimos defensores de un solo color y/o de un solo futbolista, abstenerse de leer las siguientes líneas. Ya que estas no fueron escritas para desprestigiar o desmerecer a nadie. Es más, esas líneas fueron trazadas para homenajear el sentimiento verdadero del hincha y también para homenajear a ídolos de otros colores.

Pero por sobre todo, fueron escritas para homenajear a las miles de madres que se juegan enserio por sus hijos, hecho que realizan en una Argentina y en una sociedad que no los defiende ni a ellas ni a ellos.

Por eso, repito, si los lectores no son capaces de discernir y separar fobias, rencores y apasionamientos demasiado desmedidos, mejor saltéense este post, porque nada les va a dejar. A los que se animen a seguir con la lectura y lleguen al final, les doy las gracias por tal corajudo acto.

Y también los felicito, por entender que en el fútbol no nos va la vida. Que amar un color de camiseta no nos tiene que impedir pensar, y mucho menos nos habilita a degradar, injuriar y amenazar a un semejante o a un ocasional rival.

Se lo dedico a las mamás de mis amigos y amigas, que en definitiva, fueron la mamá que no tuve.

P.D. o Pequeño chivo: El relato que leerán a continuación, forma parte de mi primer libro titulado “Vamos ganando, Los verdaderos Héroes” editado en el año 2008 para ayudar a una escuela rural de mi ciudad, Tandil.


Este cuento salió publicado el sábado 15 de octubre de 2005, en el diario deportivo Olé con el nombre de “Madre Clásica”, en la antesala de otro Boca –River; fue un honor y también fue el puntapié inicial para que muchos confiaran en este proyecto y me ayudaran a concretarlo. Gracias.

El escenario, la Terminal, es real. Los personajes: el anciano, la joven madre pidiendo monedas, la familia tipo dividida, los pesados de siempre, los cancheros de siempre, los que llegan tarde a todo, son reales.

Situaciones verdaderas del día domingo 15 de octubre (coincidencias exactas del amigo el tiempo…) del 2000, en la antesala de un nuevo super clásico jugado justo un día de la madre, con mucho frío y lluvia.

Lo demás es un poco de invención y de estar atentos a otras cositas que aparecen en la vida. Por si interesa, el partido en el Monumental terminó empatado en un tanto: Palermo para Boca, Saviola para River.


Dedicado:
-A José Luís Otero, un amigo, fue el primero que me pidió permiso para poner el cuento en su pagina Web… y el cuento llego lejos, también a su hija Gricel, obviamente, futura mamá.
-A Diego Maradona y Enzo Francescoli, eternos inspiradores.
-A Clarisa Huber y Evangelina Testa, porque son mujeres y por ende futuras madres y porque son futbolistas de Tandil. La primera juega en Boca, la segunda en River; como no dedicárselos. Además a Evangelina tuve el honor de realizarle su primera entrevista.
-A Lorena Medina, periodista, pero también MAMÁ, así, con mayúsculas.
-A los hinchas del fútbol, aunque quieran diferentes colores.
-A las madres solteras que se juegan en serio por sus hijos.



En el día de la madre, el súper clásico,
la vida y el fútbol


Acá estoy; me encuentro en el café de la Terminal de Ómnibus de Tandil. Una ciudad como todas en un domingo a la tarde. Hace un poco de frío y parece desolada, hoy, que es el Día de la Madre.

Pero como en todas las ciudades del país, Tandil, dos domingos al año empieza desde temprano a ver su tranquilidad resquebrajarse en dos partes.
¡Sí, señores! ¡En dos partes!, la de Boca y la de River.

Como les decía, desde temprano ya se vive un clima distinto; los miedos, las bromas y los insultos empiezan a recorrer las calles, las cábalas mandan y van a terminar cuando en el café , el bar o la confitería, la voz de Araujo por la TV diga....¡“el clásico fue para…”! y los que no lo puedan ver, (porque acá en el interior si no tenés cable o TV satelital no existís, como diría un paraguayo conocido) escucharán la voz de Víctor Hugo mientras se comen los nervios que en ese momento estarán atravesados en el gargüero ¿o no? ¡vamos!, no se hagan los giles, todos estamos igual, bosteros y gallinas, sin diferencias.

Como verán la antesala del clásico se percibe de una manera especial y acá estoy, sentado en el café, esperando que empiece el partido; hace un rato largo que estoy.
Me gusta ver como se va llenando el boliche...Es como estar en la cancha y ver el hormigueo humano cubrir la mole gris del estadio.
Acá sentado, escucho de todo, a los vivos, a los giles que después ves salir con la cabeza entre las patas y no aprenden, ¡eh!, siempre hacen lo mismo, jetonean de entrada y después no pueden decir ni mú.

Ahora, cuando faltan cuarenta minutos para que empiece el clásico, el boliche ya está lleno; les voy a describir lo que veo o mejor dicho lo que cuento: sesenta y dos personas con alguna identificación que tienen los colores azul y amarillo, veinticuatro con colores rojo y blanco.
Si esta escena se repite en cada bolichito de cada rincón del país, indudablemente Boca se queda con la mitad más uno del territorio nacional.

¡Qué bueno esto de poder mirar a mi alrededor y ver a la gente!...observarla, como ese tipo que hace veinte minutos que ya no tiene uñas y yo me pregunto qué se sigue comiendo y ojo que tiene un gorrito de Boca el hombre, y por ende, tendría que estar un poco más tranquilo.
Y éste que tengo delante, también bostero, pero de esos que chamuyan antes del partido, que hablan, hablan y gastan a cuenta; estos tipos son los que no aguanto, porque son los que después no se bancan las réplicas y encima te quieren pelear, estos personajes son los que incitan a la violencia y van más allá del folclore futbolero y con eso no tranzo ni tranzaré jamás.
Les decía, faltan cuarenta minutos; no hay más lugar desde hace un largo rato y empiezan los primeros líos...comienzan a llegar los que siempre llegan tarde a todo y quieren acomodarse en primera fila; se escuchan los primeros:-“salí de acá gordo que está ocupado!” o –“¡che, cabezón, hace una hora que estoy acá, rajá que el pibe no ve!”-.

A todo esto y después de dos o tres vasos rotos aparece el dueño del boliche y elegantemente manda a los colados para atrás, advirtiéndoles de una falsa presencia policial o que en su defecto va a hacer uso de su poder de derecho de admisión.

Acá, detrás mío tengo una familia tipo: papá, mamá y dos nenes de unos ocho años; por lo que escucho hay división, papá de Boca al igual que el niño más alto, mamá y el más pequeño parecen hinchar por la banda roja, pero intuyo que simpatizan por River sólo para molestar al dúo bostero o en su defecto porque mamá está molesta por tener que ver fútbol justo en su día.
Ahora me tocan el hombro, y un anciano muy respetuosamente me pide permiso para sentarse a mi mesa, ya que ve que estoy solo; asiento con la cabeza y el abuelo respeta mi silencio.

Mientras, sigo observando a mi alrededor, más precisamente a una mujer joven, de unos veintidós años pero qué a juzgar por los surcos de su rostro parece de cincuenta; se filtra por los recovecos de las mesas pidiendo monedas y cuando se acerca a la mía, ahora compartida con el octogenario abuelo, puedo ver que en sus espaldas, dentro de una mochila con los colores xeneises, lleva a un bebé con la camiseta de River.

Entonces me asalta una pregunta:-“¿quién dijo que los de River nacen de cuna millonaria?”-y esto lo digo en voz alta- es ahí cuando siento nuevamente la mano del abuelo en mi hombro y éste que me dice:-¡los imbéciles! Pibe, los imbéciles pueden decir semejante cosa...y escúcheme bien, pibe -me dijo- yo no sé qué saben esas personas de la vida, pero de algo estoy seguro, pibe, esas personas no saben nada, pero nada de fútbol”.

Entonces perplejo le pregunto:-¿De qué cuadro es don...? ¿De River? -y el abuelo me responde que no. Yo insisto y le digo entonces si es de Boca, y me contesta nuevamente que no.

Su negativa me deja sin palabras y él me dice:-“¡yo soy hincha del buen fútbol, pibe!, que gane el que mejor juegue el juego”- Se calló y no habló más, extrajo dos monedas de un peso y se las dio a la niña madre.

Yo saqué también dos pesos y se los di; la chica agradeció con una sonrisa sonrojada y cuando nos dio la espalda cargada para irse, yo le pregunté cómo se llamaba y me dijo que no importaba.

Entonces decime como se llama el nene, insistí; ella me miró y me dijo: - el nene se llama DIEGO ENZO. Pegó media vuelta y comenzó a alejarse; yo vuelvo a quedarme perplejo y no atiné a decir nada más que un ¡Feliz Día! a esa joven que se iba; ella de espaldas, levantó el brazo y me dijo: ¡gracias!

La seguí con la mirada y la vi parar en un polirrubro cercano, y luego de pagar, con sus dientes rasgó la punta de un sachet de leche y volcó parte del contenido en la mamadera que DIEGO ENZO bebió con ferocidad...
Yo me largué a llorar.

Entonces volteo la mirada y me encuentro con los ojos del abuelo que rompiendo su silencio en medio de un bullicio tremendo me dijo:-“ahí tiene, pibe...ahí tiene...esa cachorra sabe de las dos cosas...esa piba sabe lo que es la vida...pero por sobre todo ¡pibe!, por sobre todo, sabe de fútbol”-

Hugo Rodríguez
hugorodriguez_prensaferro@yahoo.com.ar

Presentación del libro de Hugo

2 comentarios:

Ju Lou dijo...

Qué bueno el cuento! Muy apropiado para el día de la madre.Me gustó mucho. Saludos!

JLO dijo...

Si srta, el sr Hugo escribe muy bien... salu2